2025: nueva fase histórica en las luchas del bloque popular en Bolivia

Las perspectivas para este 2025 son desafiantes, pero esperanzadoras. Las elecciones presidenciales implican definiciones políticas con trascendencia en el futuro histórico, incluido el económico, pero el hecho más importante es la apertura de una nueva fase histórica en las luchas del bloque popular basada en la recuperación de un proyecto emancipador en tiempos en que la derecha y la ultraderecha se fortalecen.

Triunfo popular frente a la desestabilización y bloqueos

El 2024 ha sido un año con bastantes dificultades. La inflación acumulada anual de 9.97% expresa un intenso conflicto entre las tareas gubernamentales, como la necesidad de mantener la estabilidad económica para el bienestar de la población, y los intereses políticos de la oposición para la desestabilización del Gobierno, intereses estos de una clase oligárquica que se opone al bienestar de las mayorías.

El aumento de precios tiene causas estructurales como la subvención a los hidrocarburos que benefician principalmente a los sectores exportadores agroindustrial y minero, un tema complejo que exige la importación de carburantes con las divisas escasas que posee el Estado cuando estos sectores privados no reingresan las divisas que obtienen de las exportaciones que realizan gracias a las subvenciones del Estado y del pueblo boliviano a los carburantes, en el que la banca también participa en la escasez de divisas obteniendo ganancias extraordinarias, sin mencionar el acelerado incremento de la demanda de estos productos subvencionados. El círculo de la conspiración de estos sectores contra la economía nacional, se cierra y el efecto sobre las familias del pueblo boliviano es fatal.

A la par que el aumento de precios responde igualmente a bloqueos de la oposición y especulación de precios como el aceite o la carne, que controlan los grandes consorcios privados nacionales, por ejemplo, el bloqueo de créditos en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), que actualmente asciende a más de mil 300 millones de dólares, los que tranquilamente servirían para estabilizar los precios y evitar muchas preocupaciones y sufrimientos al pueblo. Y los bloqueos físicos tendidos por Camacho en Santa Cruz (2022) y por Morales en el Trópico de Cochabamba (2024), que han producido efectos negativos para la economía y la población, que en caso de no haberse perdido se pudieron haber utilizado en acceder a divisas, producir más alimentos, mejorar la salud y la educación.

Aprendizajes de un período turbulento

El año pasado la economía salió adelante a pesar de la guerra económica desatada por la oposición contra el Gobierno y el bienestar de la población. Perduró una estabilidad general y señales positivas en el empleo, se mantuvieron las políticas sociales, no se detuvo la inversión en la industrialización. Las movilizaciones contra el Ejecutivo han sido rechazadas con contundencia por la ciudadanía y las organizaciones sociales, hecho que es cimiento para la recuperación de la economía y una proyección política.

Pero no se puede evaluar el año 2024 sin revisar integralmente la gestión gubernamental de Luis Arce, que concluye este año, ni evitando evaluar los 200 años de la creación del Estado boliviano. El 2025 tiene como trasfondo el Bicentenario, cuya memoria depende del lugar desde donde se pretenda recuperar su sentido histórico.

El Bicentenario marca la independencia efectiva en relación al Estado español. Pero las contradicciones sociales internas, con la fundación de Bolivia, estuvieron lejos de abolirse favoreciendo la consolidación de un colonialismo interno de la casta criollo mestiza que se constituyó como una oligarquía improductiva y opresora de todas las demás clases sociales y naciones originarias. Con todo, tanto en la guerra de la independencia, iniciada con Tupaj Katari, Tomás Katari, Túpac Amaru II, como en la resistencia y lucha al interior de la República, se presentaron proyectos de Estado diversos y complejos, entre los que estuvo la aspiración de un bloque popular e indígena por construir un Estado para todos, en que todas y todos tuvieran derechos, oportunidades y bienestar.

Quizás esa aspiración colectiva e igualitaria sea el contenido del Bicentenario que se rescata en la actualidad, en una época en que los sectores populares confirman una vez más su propuesta: la posibilidad real de un Estado para todas y todos.

La Historia se la hace cuando se la recupera, no es algo inmóvil esperando a ser desempolvado. La Historia es un campo de lucha por su interpretación y su reapropiación, ese es el significado histórico del Bicentenario para el bloque popular.

Elementos que abren la posibilidad de una nueva fase histórica

Para el presente año, ¿cómo se podría hablar de proyección con el avance de la ultraderecha y cuando la expresión política de los sectores populares ha enfrentado divisiones y la economía parece estar con dificultades? ¿Qué condiciones existen para pensar en alternativas optimistas frente a una cultura global de desesperanza sustentada en el aislamiento de los individuos en la dimensión virtual y los problemas que atraviesa el bloque popular?

La primera clave es la unidad del bloque popular. Los sectores sociales populares han podido preservar la unidad y perspectiva de soberanía nacional a pesar de un golpe consumado en 2019, de la dictadura del gobierno inconstitucional y de la conspiración golpista y/o electoralista de la alianza actual de derechas. La unidad siempre ha sido y debe ser el camino principal de las luchas sociales porque posibilita a los sectores populares afrontar los desafíos electorales, económicos, sociales, culturales, en fin, los desafíos históricos. Ahora se aclara el escenario político abriendo la posibilidad de llevar adelante un proceso de reconstitución, de unidad y organización en torno al Pacto de Unidad y las organizaciones sociales, recuperando una posición de clase y descolonizadora.

En segundo lugar, está la desmitificación del poder fetichizado. La crisis provocada por la despolitización y sustitución del poder popular por el Estado derivó en la imposibilidad de detener el golpe de Estado en 2019. La desmitificación consiste en que la experiencia ha demostrado que el partido, el Estado o la organización de los sectores populares han salido adelante sin ese “liderazgo indispensable”. Por ejemplo, la resistencia al golpe de 2019 no se centró en la defensa de tal liderazgo, sino en la defensa de la mujer de pollera y la wiphala. Tampoco la recuperación de la democracia tuvo relación con dicho liderazgo ya que se logró bajo la dirección efectiva de Felipe Quispe –que se quedó aquí a enfrentar el golpe– y proyectó una movilización que apuntaba a una revolución social.

Tercero, la continuidad de la construcción de un Estado soberano para todas y todos. Una de las grandes dificultades del actual período de gobierno fue la constatación de las bajas reservas de gas, poniendo en duda los principales ingresos del fisco porque se descuidó la exploración. La derecha habla de revertir la nacionalización vía privatización de las empresas públicas por el supuesto fracaso del modelo nacionalizador; mientras que, en la vereda opuesta, el proyecto histórico popular sostiene la defensa de la nacionalización que tanto beneficio ha representado con la recuperación de los excedentes, como la soberanía y la redistribución de la riqueza. La nacionalización ha sido un logro histórico del pueblo, sin embargo, se ha descuidado en el área de la exploración que se está corrigiendo ahora con el descubrimiento de nuevos pozos, como el megacampo de Mayaya Centro X1 y otros, garantizándose otra vez el aumento de los ingresos monetarios del Estado y una perspectiva de crecimiento para los próximos años.

Cuarto, la inversión social para el bienestar general. Es para no creer la prioridad social que han tenido las políticas públicas sociales aún en una situación de dificultades económicas. Esta es una frontera fundamental que divide las posiciones conservadoras de los proyectos sociales y revolucionarios. El Gobierno ha conservado políticas sociales para la mejora de las condiciones de vida de grandes sectores de la población garantizando la salud, educación, seguridad social, incentivos a la economía familiar en el área rural y urbana, la subvención de los servicios básicos, del transporte y de los alimentos a través de la subvención de los carburantes y ahora de políticas específicas de subsidio de los alimentos.

El enfoque social del modelo no solamente paga una deuda histórica y promueve la igualdad, sino que permite mejorar las condiciones integrales para el aporte social de la población a la construcción del país. La capacidad social organizativa comunitaria de la población de un país es el principal elemento para la producción y reproducción social del mundo de la vida.

Quinto, la industrialización efectiva como la apertura de posibilidades económicas. En esta evaluación de período de gobierno es muy interesante detenerse en el esfuerzo económico hecho para aumentar el nivel de inversión a objeto de promover la industrialización no como discurso, sino como única forma eficaz de salir del atraso estructural marcado por la dependencia. El Gobierno ha impulsado una inversión estratégica cuyos resultados han permitido cumplir con las políticas económicas, sociales, así como con las obligaciones internacionales, pero además que va cimentando una estructura económica-productiva que abre múltiples oportunidades para la diversificación y el crecimiento. El modelo funcionó, funciona y funcionará, con autocríticas y ajustes. En este período, y especialmente en 2024, ha mostrado su fortaleza soportando los apuros económicos, los ataques de la oposición oligárquica y del alejamiento de un sector del propio Movimiento Al Socialismo (MAS) que priorizó candidaturas a la defensa de la economía del pueblo y el modelo económico del proyecto histórico popular.

Sexto, la inserción internacional en el contexto multipolar. Los largos procesos de negociación para el ingreso de Bolivia a espacios de integración a nivel regional y mundial han concluido con su participación en calidad de miembro en el Mercado Común del Sur (Mercosur) y en los Brics+. Este ingreso es un enorme logro, porque se abren variadas opciones de cooperación en materia productiva, tecnológica, comercial y social, en las que se debe impulsar un rol activo para aportar y también favorecer el fortalecimiento propio en estas dimensiones en base al aprovechamiento de las experiencias y la cooperación internacionales. Este es un tipo de integración alternativa a la ofrecida por el imperialismo norteamericano que se apoya en la dominación para la explotación y el despojo con la imposibilidad del desarrollo autónomo de los países. Por ejemplo, los resultados de los acuerdos de libre comercio o el ingreso de Colombia y ahora de Argentina en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no tienen resultados económicos positivos para estos países, pero aumenta la dominación estadounidense.

Séptimo, medidas desesperadas con resultados inesperados. En un contexto de asedio interno, conspiración de la oposición externa, que provocaron el ahondamiento de las dificultades económicas, se tomaron medidas de emergencia transitorias en favor del sector empresarial con el propósito de recuperar divisas con los Cedeim, pero que no tuvieron resultados ya que la recuperación fue mínima y la fuga de divisas continúa. Paralelamente, el sector financiero es parte del circuito de fuga de divisas salvaguardando sus ganancias extraordinarias sin control o medidas que garanticen las condiciones de estabilidad económica del país. Por lo tanto, cabe encaminarnos en una perspectiva de crecimiento económico y productivo con compromiso del sector privado y el cumplimiento de normativas claras para proteger la economía y evitar ganancias extraordinarias que afectan al conjunto del país.

La claridad del escenario político como horizonte histórico posible

Desde Washington imponen agendas políticas y mediáticas a la derecha, esta vez una estrategia encarnada por varios “mileis bolivianos”, fracasados antes de empezar con su primer acto teatral por ser una mala e inviable copia de un esquizofrénico mentiroso que ha destruido la economía argentina, que utiliza un discurso supuestamente transgresor del orden de un Estado popular de izquierda para sustituirlo por otro neoliberal que lejos de aportar al bienestar general ha estafado en todo sentido al pueblo argentino, buscando solamente la “libertad” de entregar los recursos, las riquezas y la soberanía a las transnacionales como una forma de negocio particular de los pequeños grupos oligárquicos que se enriquecen en su oficio de mercaderes de la vida del pueblo y de verdugos ahora libertarios.

Por su parte, la derecha oligárquica se propone generar una situación imaginada de crisis irreversible con el fin de ganar las elecciones como lo hizo la ultraderecha en Argentina, para destruir las aspiraciones del pueblo obtenidas en los últimos años, destrozar el modelo, eliminar las mejoras en las condiciones de vida, negar los logros económicos y entregar el país a las garras del capital transnacional y el imperialismo yanqui.

La oligarquía nacional ha trabajado empeñosamente en su estrategia de desvirtuar el triunfo social de un proyecto histórico en 2003 y su asunción al poder político estatal que ha favorecido la aprobación de una Constitución aproximada a las esperanzas más anheladas de un pueblo y de políticas sociales para pagar una deuda histórica. Jamás la oligarquía permitirá que el pueblo confíe en sí mismo, al igual que el desprecio destilado en su racismo intentará descalificar todos los logros de ese proyecto histórico.

Por otra parte, el fetichismo del poder ha sido el mayor error político en las luchas históricas de los pueblos cediendo sus energías transformadoras a proyectos institucionales o terminando en cultos a las personas.

Solamente la unidad y la defensa de un proyecto soberano cuyas medidas favorezcan a todos los componentes de un país fue, es y será el proyecto que circula por las venas de un pueblo que sigue apostando por la construcción de un país que reconozca integralmente a todos sus integrantes para darles un mejor futuro.

Si bien todas estas luchas no han terminado de definirse, esta vez las contradicciones se presentan con toda claridad y se pueden resolver. El gran reto no es otro que mantener viva la unidad y la organización del bloque popular de izquierda que abre el inicio de una nueva fase histórica en Bolivia con la profundización de las luchas del pueblo en base a un fortalecimiento del proyecto histórico programático.

Fuente: Gonzalo Gosalvez en rebelion.org

2 comments

  1. Señor Gonsalves, no le llamo HERMANO, pues, Ud. desconoce nuestra realidad.
    Dice muchas verdades, pero las conclusiones son engañosas. ¡Tenemos que dejar de mentirnos! Pura cháchara, lo de «mantener viva la unidad y la organización del bloque popular de izquierda». La hermana Basilia está mucho más cuerda.

  2. no sé, compañero, ¿dónde está la unidad en los movimientos sociales?
    menos mal, que la derecha está dividida también:
    Quiroga con Maríncovic. El primero un alumno del dictador Bánzer y su heredero de la presidencia, sin lograr ningún avance para el país y nuestra economía. El segundo un empresario exitoso, explotando a la gente. Una alianza entre La Paz y Sta. Cruz.
    Reyes Villa con Calvo. El primero exmilitar, con dudoso pasado. El segundo un racista total. Una alianza entre Cochabamba y Sta. Cruz.
    Doria Medina buscando respaldo por Toribia Lero (CC).

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *